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27/04/2010 - Carreras de autos, carreras de relojes
Francamente leo poco seguido el correo de Automovilsport. En efecto, parece hackeado por muchos temas y casi nada de autos clásicos y sport. Ayer descubrí la carta de mi amigo Martín Puga, que como él mismo expresa, está enojado con el giro que ha tomado la actividad que lo atrajo y lo apasiona. Las carreras de regularidad en clásicos, se han convertido, de un tiempo a esta parte en una ciencia y ha dejado de ser un juego. Como tal, multitud de elementos se hacen indispensables para perseguir (No me atrevo a decir “correr”), las centésimas que separan a los entendidos de la gilada que orgullosamente integro.
Martín, entiendo tu frustración, seguramente encontrarás satisfacción en hacer lo que te gusta.
Ruego se me permita relatar una vivencia personal:
Hace pocos días viví junto con mi hermano, la aventura de participar en el Rally Caminos del Salado, prueba magistralmente organizada y mejor ejecutada por el equipo de la Revista Autos de Epoca. Dije bien eso de “aventura de participar”, porque así uno se siente cuando llega a la largada munido de un reloj ampolleta.
En los días previos, uno de los organizadores se percató que, quizás utilizando un ardid malicioso, quien suscribe se había anotado omitiendo la categoría en que iba a participar.
- Voy con el Alfa, es un 1750, así que tengo que entrar en la menos de dos litros.
La carcajada fue estridente.
-No Diego, no es por cilindrada, te pregunto si entrás en la de odómetro o en la de velocímetro, pero como veo que no entendés nada, te anoto en la categoría velocímetros (Así, por decreto…).
-Ok, claro. - Me hice el entendido, no me podía ir mal, mi auto tiene velocímetro y a pesar de ser de 1972, todavía anda. Igual, calculé perspicaz, me voy a llevar el cronómetro, nunca se sabe.
En nuestro caso, el Casio de marras, posee la decisiva sofisticación de marcar milésimas de segundo… (Con semejante aparato creía que iba a ser repudiado por mis pares y arrojado al ruedo con lo más granado de la élite de la actividad). No me dieron ni bola. Luego supe por qué.
Aclaro que durante varios años participé en competencias de regularidad en ruta con el sistema Mil Millas, gomitas, PPI y en algunos casos hice rallies con autocontroles. Siempre pensé que el “sistema” GPA era con autocontroles…y hasta el momento de la largada estaba convencido y trataba de explicarle esa metodología a mi hermano que de esto no “caza un fulbo”, incluso menos que yo. Mejor le preguntamos a algunos amigos antes de la largada. Con toda la paciencia, Martín Palmeiro y Carlos Sauton fueron instructores del breve curso de GPA al borde de la laguna de Monte, que a estas alturas, era bien menos importante que la laguna mental que me acompañaba…
Unos señores de la CDA, que conozco de otro lado, se acercaron hasta esta pintoresca ciudad y en una corta pero nada emotiva ceremonia, instalaron unos stickers de color rojo Alfa (Qué paquetería!), sobre el cristal de nuestro velocímetro, con tanta precisión (la instalación, no el velocímetro…) que me impedía ver el odómetro. ¿Justo ahí lo van a poner? ¿Me estarán queriendo decir algo? Hice la prueba a ver si “pescaba” algo de los números del odómetro y me percaté que con un poco de esfuerzo y poniendo el mentón sobre la posición de las 12 en el volante, girando la cabeza 90º a la izquierda y cerrando el ojo derecho, podía ver un cuarto del último número del odómetro. Pero como esa posición de manejo me parece inadecuada, o al menos incómoda, decidí no mirar y acatar las indicaciones del ACA.
En determinado momento, luego del curso de 5 minutos que mencioné antes, me propuse saludar a los rivales del día, contemplar sus autos y tratar de cruzar algunas palabras de admiración por algunos vehículos muy bien presentados, bah, quería hablar de fierros. Pero inmediatamente me di cuenta que esta gente, por lo general, no estaba allí para hablar de sus autos, o incluso no estaban allí ni siquiera para hablar. Pocos me bajaron la ventanilla y estaban tan concentrados, que hablarles de autos hubiera sido una falta de respeto ¿A qué vinieron a Monte en un día espectacular de otoño con sus clásicos relucientes?
- Mirá, -me dice mi hermano- pobre tipo, sábado a la mañana y tiene que estar laburando en el auto! Claro, seguro que aprovecha el tiempo para pasar unos mails del trabajo en la notebook que puso en el tablero.
Fuimos para el arco de largada. Se juntó mucha gente para ver salir raudamente las máquinas, como en los viejos tiempos del Gran Premio (…dije los viejos tiempos…). Con el auto en temperatura, faltando diez puse primera y empecé con el acelerador a llamar los cavallini del biálbero, adecuamos cadencia de las aceleradas y justo cuando las 10:14 aparecieron en el reloj de la largada,…corrí el pie izquierdo del embrague al tiempo que la aguja del tacómetro marcaba 40. Creo que mi hermano también apretó el cronómetro en ese momento. Con la salida vertiginosa, arrancamos un estruendoso aplauso del público allí reunido que ese día, ellos sí querían hablar de nuestros autos. No todos los días se reúnen 50 clásicos en su ciudad.
El recorrido de la laguna y las rutas aledañas a Monte son exquisitas. No se lo pierdan y si encima les gusta manejar, mucho mejor. Esa mañana estaba espléndida, el auto de maravillas y nosotros llevábamos un promedio de 84 KM/h que variaba en las pruebas a 92 o a 78, -Muchachos, no pueden arrimar un número redondo, ni por casualidad, no? La dificultad mayor es pasar vehículos que se atreven insolentemente a usar la ruta del rally, nos hacen perder concentración y son una maldición cuando tienen el empeño de coincidir con los que vienen de frente. Basta, anulen este Prime porque tuve que frenar!
Sin embargo, nosotros dentro del auto, divertidos es poco, a las carcajadas por disfrutar de una mañana en “no se dónde”, con un bonito auto clásico y con la excusa de una regularidad incierta y mediocremente llevada. El velocímetro aproximativo de los señores Veglia y Borletti, al menos tiene la virtud de la elegancia y su generoso diámetro permite una lectura fácil, además el borde del sticker me vino bárbaro para “clavar” la aguja en 95, que a los efectos de la carrera quiere decir 88…o más o menos y así sucesivamente. Con nuestros instrumentos, seguramente la NASA no hubiera siquiera podido poner en marcha el Apollo 11 y si lo lograban, en 1969 hubiesen desembocado en Neptuno, la luna sería una esquiva quimera…hasta hoy. Suerte que Veglia nunca fue proveedor de la Agencia Espacial.
Hubo tramos de tierra, y aquí creo que teníamos ventaja. Claro, eso de mantener 64 KM/H exactos en la tierra con curvas de 90º no es para cualquiera y la verdad, nos divertimos como chicos haciendo deslizar el auto en cada giro. Un placer hacer esas rutas a ese ritmo de procesión pero que complica en cada curva…claro, se te cae la notebook si doblás fuerte.
En cierto punto, hasta nos encontramos con un Reverendo, esta vez de civil, que nos animaba a cruzar el auto. Cómo nos vamos a negar a semejante pedido, allá vamos y si hay gente mejor y si hay un fotógrafo -había-, le compramos las fotos! Compramos obviamente.
Lo que casi nos compramos para siempre fue un puente sobre el Salado, que embocamos de milagro ante la aprobación de la multitud (7 gauchos), me sentía el Ari Vatanen del subdesarrollo, pero feliz. Semejante comportamiento antisocial y políticamente incorrecto todavía es posible en tan remotas localidades. La auto-indulgencia hace el resto, aunque uno no sea indulgente con el auto.
El último prime sobre tierra conectaba por un largo enlace sobre la misma tierra hasta llegar a la ruta que nos devolvía a Monte. El tiempo era escaso y había que ir rápido, a fondo literalmente, así lo hicimos y llegamos con 30 segundos de sobra para la última auto-largada! En nuestro ritmo frenético pasamos dos autos al mango y nos divertimos como nunca con el auto derrapando como en el condado de Hazzard y el escape espantando aves! - Esto no puede ser legal!!!, gritaba mi hermano extasiado. Y los relojes, ya del polvo no se veían, pero tratamos de seguir el ritmo.
Llegamos a Monte como héroes. Al menos es lo que uno siente después de disfrutar 400 kilómetros en esas condiciones. El Rally lo dijimos, impecable, el auto, imperturbable, los tripulantes, exhaustos, pero más que contentos…Recepción en la Municipalidad, vino en cantidad, abundante comida – Esto no puede ser legal!!! – Festejaba mi hermano. Pero vimos gente angustiada por todos lados, rostros tensos, cansados y nerviosos. Serán los que vinieron a ganar?
¿Cómo salimos al final? 29 de 50 y pico no está mal, no? En todo caso, nos llevamos dos medallas (No había trofeos, sino unas espectaculares preseas…)
Una, por salir segundos en la categoría del auto (Al final había una categoría…y éramos dos) y la otra?
Ganamos la categoría velocímetro. Creemos que fue el premio al velocímetro más lindo…
Esto no puede ser legal!!! -seguía Leo, mientras volvíamos a buen ritmo, pasando despiadadamente notebooks y lupas derrotadas.
Al fin y al cabo, nosotros corrimos una carrera de autos, otros, creo, el mismo día, una de relojes.
Diego Marin
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[ Respuesta: 01 ] Diego Marín, demás lectores:
Sinceramente debo reconocer que la lectura de tu carta me provoco mas de una sonrisa. Excelente redacción y muy buena onda
para describir situaciones y hechos de forma amena, graciosa anque irónica y un tanto sarcástica.
Sin embargo y a pesar de ello, el contenido de la misma me remite a las estrofas de una vieja canción:
"A la mar fui por duraznos,
cosa que la mar, no tiene.
Me dejaron mojadito
las olas que van y vienen
Ay! mi duce amor
ese mar que ves tan calmo es un traidor".
En otras palabras: te metiste en la tribuna de Boca y quisiste alentar a River?. ¿No lo sabías?, ¿disfrutaste igual?, ¿¿¿entonces???
Hay una cantidad muy importante de gente con muchísimo talento que gustan de las carreras por distancia y no por velocidad.
Conformaron oportunamente lo que conocemos como GPA. Se preocupan, practican, estudian, se tecnifican.
Es el sistema de competencia que gustan hacerlo de esa manera.
Para ellos el juego es ese, y por lo visto disfrutan de su especialidad de la misma forma que lo hacemos quienes preferimos hacerlo a velocímetro.
No hay valoración ni connotación alguna en todo esto, no es mejor ni peor: es distinto o cuasi distinto.
Nadie pone en duda que la clase Velocímetro es la originaria, pero tampoco nadie puede dejar de reconocer que la gente del GPA con su tecnología, orden y organización ha logrado evolucionar a tal grado que ya podemos hablar de 2 clases distintas.
Y más: han impulsado la especialidad creando competencias muy profesionalizadas en todo sentido.
Yo, como un grupo de caros amigos de varios clubes, algunos que compiten a velocímetro otros GPA, alentamos la creación de una clase dentro de las competencias GPA: la Velocímetro. No estamos contra el GPA, por el contrario: estamos con.
Venimos pidiendo que nos den pista para poder participar y ser reconocidos. Eso es todo, que no es poco.
Honestamente no fui a la carreras de Caminos del Salado porque desconocía que estaba la categoría Velocímetro, en su defecto me hubiera inscripto con todo gusto, así como el sábado pasado competí en la de Pilar, y el 8 de mayo lo haré en la que organiza el CARyR, en la cual se nos reconoce como clase diferente y hasta organizó un campeonato específico, además otorga premios por nuestra propia categoría (para el caso que lleguemos a ser, mínimo 15 vehículos).
Esa preocupación que viste en las caras de los GPA, como esos giros en la tierra que no les volcó la PC, es la forma que entienden una actividad mas que lúdica, en la cual y para la cual todas las semanas, muchos de ellos, se dan la licencia de ir a practicar extendiendo el juego no solo a una carrera sino a muchas mas veces que los que solemos levantar las banderas de la originalidad, en harás de no violar un sacramento que si buscamos lo hizo magoya.
Por otra parte, a no confundirnos: muchos de los que lideran el GPA, si los pones en velocímetro nos pintan la cara no de color esperanza sino colorado!!!.
Muchachos: tratemos de jugar al Dón Pirulero y cada cual que atienda su juego, creo que hay lugar para todos. No creo: hay!!
Gracias por vuestro tiempo,
Gustavo Bendel
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