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Dellepius - El Auto Sport Uruguayo - por José Luis Rey

El hombre siempre ha sido soñador y esos sueños han motivado innumerables revoluciones a través del tiempo, ahora cuando los recursos no abundan y las contrariedades son muchas, el poder realizar alguno de esos sueños, que llega a cumplirse luego de años de sacrificios y privaciones, generan sentimientos tal vez solo comprensibles por alguien que ha vivido la experiencia.

La historia que tratare de contarles hoy es la de un uruguayo, su nombre es Aldo Dellepiane y es el constructor de su sueño:
El Dellepius.

 

 

Aldo Dellepiane es un señor de unos 38 años que vive en Malvin y como muchos de nosotros se fanatizó de muy joven por los autos verdaderamente deportivos, en especial los de diseño europeo. Su gran facilidad para el dibujo y el ser estudiante de la carrera de ingeniería lo llevaron a que en 1986 se decidiera a llevar a cabo la idea de construir un verdadero auto deportivo en el cual podría expresar sus ideas y sentimientos. Si, digo bien al decir sentimientos, por que solo alguien que se encuentra perdidamente enamorado del automovilismo puede llegar a plantearse semejante reto.

 

El primer amor de Aldo fue su Ford "A" convertible, ese auto que seria vendido por algunas dificultades económicas lo influenciaría para que su proyecto no tuviera techo y fuera tan disfrutable para pasear por nuestra rambla, como para ser exigido al limite recorriendo el "Victor Borrat Fabini". Los bocetos del auto son muy originales y recogen ideas pensadas por su creador a finales de los años ´80 y principios de los ´90, esto es de lo más sorprendente ya que ustedes mismos pueden apreciar en las imágenes que el auto posee un aspecto muy actual y bien proporcionado. En el desarrollo de este existieron muchas etapas y en cada una de ellas el amigo Dellepiane no tuvo más remedio que aprender, en forma casi autodidacta, sobre los procesos que tomaban parte en la evolución de su proyecto. Así desde los primeros diseños de una carrocería que sería realizada en chapa hasta llegar a la versión que vemos hoy, que esta formada en fibra de vidrio, pasaron muchos años y muchos desvelos.

Para escribir sobre esta historia disponemos de una enorme cantidad de material, suficiente para escribir un libro como ya lo esta haciendo Dellepiane, además se me hace difícil poder resumir tantos años de trabajo e ilusión. A pesar de ello tratare de cumplir con mi objetivo de contarles estos sucesos, que incluso llevarían a nuestro protagonista a viajar a Norteamérica e Inglaterra.
El Dellepius nacido en la mesa de dibujo de Dellepiane se convertiría primero en una maqueta de yeso, ya que el proceso de desarrollo tendría que ser, adaptándolo a las circunstancias, lo más parecido al utilizado por cualquier fabricante. Luego vendría la dificultosa tarea de crear también en yeso al modelo a escala natural de la carrocería. El luchar contra la falta de espacio, muchas veces cedido por gente amiga, y el llegar a trabajar en lugares sin luz eléctrica o agua dificultaron aún más la situación.

Por supuesto que Aldo no se amedrento por esto y siguió adelante. Hubo etapas en las que directamente fue imposible trabajar sobre este proyecto, por ello este demoró tanto en estar "terminado", que es un termino relativo ya que Dellepianne asegura que el desarrollo de este primer prototipo aún continua.

El modelo en yeso tuvo que emigrar de garaje, por el polvo levantado al ser lijado, e incluso una vez terminado tuvo que ser desplazado por necesidades de espacio del dueño del local donde se ubicaba, lo que provoco deterioros que retrasaron el proyecto. De allí en más el trabajo laborioso siguió sobre la confiable y accesible mecánica de Volkswagen Santana 2.0 y caja de cambios de Gol, esto merece un apartado especial ya que el auto había sido pensado para utilizar un motor V8 delantero (y de hecho puede recibirlo actualmente), pero otra vez la falta de medios llevo a que se utilizara este tetracilindrico en posición trasera. El trabajo de refrigerar el motor, los comandos totalmente artesanales para la caja (que es un sistema por cables desarrollado por Dellepianne y que era inédito al momento de adicionarse al auto, hace ya unos doce años) y que todo funcionara en forma impecable también seria obra de Aldo.

El desarrollo del Dellepius llevó a su creador a aprender sobre como trabajar la fibra de vidrio y a realizar tareas como el refuerzo de la estructura, un punto especialmente delicado en cualquier coche que no posee techo. Los años y las etapas fueron pasando con sus idas y venidas que por momentos impidieron continuar la ejecución del auto. Luego de pasar casi un año sin ser tocado por encontrarse en un terreno cedido por una empresa constructora, un amigo de Aldo le ofrece un galpón de su propiedad, donde ahora si podría seguir avanzando.


 

El tiempo siguió su curso y el Dellepius fue colocado en una plataforma donde poder cotejar al auto con los planos ideados, el trabajo fue realizado tomando cuidadosamente las medidas y usando plomadas para confirmar que no había errores en la estructura del sub-chasis de chapa, ni en la carrocería.
A esto le seguiría el trabajo en los frenos (originales de Santana, pero retrabajados), las suspensiones, el sistema eléctrico, la capota y su sistema de retracción y camuflaje bajo una cubierta diseñada para tales efectos, el adaptar los diversos órganos mecánicos y todos los infinitos detalles que conforman a este primer Dellepius. Recién el 2 de noviembre de 1993 Dellepiane pudo girar sobre lo que ya se estaba pareciendo a su sueño (eso si, manejando sobre una tabla de madera), pero todavía le quedaría mucho camino por recorrer para verlo terminado. Los detalles es tal vez lo que más le complicó la vida a nuestro protagonista, ya que le llevaría más tiempo el reunir el dinero necesario para tapizados, butacas, llantas, cubiertas y todos los otros componentes necesarios.

Luego de tantos años, finalmente el Dellepius quedó pronto, pero allí comenzaría una nueva etapa, casi tan complicada. Esto lamentablemente sucedió por encontrarse en este país, ya que en Europa o los Estados Unidos el poder registrar y matricular un auto artesanal conlleva un proceso lógico que no representa que el interesado sufra crisis de sueño o nerviosas. Durante algún tiempo el Dellepius fue utilizado solo en forma "clandestina" en días feriados por no poseer matricula. Finalmente y luego de recorrer el país con la abundante documentación que comprobaba el origen del auto y de expresar que este podía ser sometido a cualquier prueba dinámica que garantizara sus cualidades de seguridad, las esperanzas de poder legalizarlo eran muy escasas. Cuando todo parecía perdido y gracias a su perseverancia se pudo matricular en una intendencia que reconoció las cualidades y el origen del auto, por lo que se expediría una cláusula excepcional para su legalización. Ahora si, luego de mucho sufrir Aldo podría disfrutar sin limitaciones de su acariciado sueño.

La historia no termina aquí, ya que nuestro inquieto amigo se comunicaría con el constructor Argentino Heriberto Pronello. Los fanáticos más entusiastas del automovilismo del vecino país recordaran a los Torino "Liebres", el "Huaira" de SP (Sport Prototipo) y a su hermano el "Halcón" de TC (Turismo Carretera), que son algunos de los más increíbles autos que correrían a finales de los años `60 y principios de los ´70 en la Argentina y que fueron creación de este genial personaje. Pronello estaba avocado a la construcción del "Mini Auto Popular" o "MAP", que era un auto de muy bajo costo que seria encargado por el gobierno, por ello Aldo quiso presentarle un diseño propio que reunía esas características. Finalmente este proyecto no prosperaría pero la impresión de Pronello fue tal que insistió en el hecho de que Aldo debía comunicarse con otro argentino exitoso como John Gaffoglio, dueño de uno de los estudios más importantes de Estados Unidos como lo es "Metalcrafters" y creador de los prototipos y matriceria para autos como el Viper, Prowler, PT Cruiser, Atlantic y una innumerable lista de modelos fabulosos tanto de la casa Chrysler como de las marcas Jeep e incluso Mercedes-Benz, que son parte de este grupo Chrysler-Daimler con el que esta en conexión directa.

Claro, otra vez el factor monetario jugaba en contra pero luego de idas y venidas Aldo se reunió con los medios como para visitar a Gaffoglio. Por no contar con la documentación adecuada no podría quedarse a trabajar para "Metalcrafters" pero el solo hecho de conocer las soñadas instalaciones de esta empresa y a su fundador, que dedicaría una tarde entera para relatarle su historia, ya hacían que el viaje hubiese valido la pena.

 

Luego de esta visita los deseos de explorar las posibilidades que aquel país le brindaban eran muy fuertes y por ello trataría de encontrar un trabajo que solventara sus gastos, así fue que primero un pequeño taller y luego un restaurante le proveerían del dinero necesario para sobrevivir e incluso poder llegar a cumplir otro de sus sueños.
Conocer Inglaterra es una de las metas de cualquier enamorado de los motores y Aldo no es una excepción, después de todo quien de nosotros no ha delirado con visitar Silverstone, Donington o Brands Hacht. Para Aldo las cosas nuevamente no fueron sencillas, pero luego de reunir el dinero suficiente partió hacia aquel país. A su arribo el cambio a Libras desbalanceo sus finanzas por lo que tuvo que dormir en albergues o hasta en el propio aeropuerto, llegando incluso a dejar de comer para no gastar demasiado y perder la posibilidad de trasladarse a los sitios que tenia planeado. Así fue que finalmente pudo presenciar una importante muestra de autos en kit, que en Inglaterra tienen una industria poco menos que increíble y en donde marcas conocidas como Caterham o Marcos provocaron el delirio de nuestro visitante que incluso podría acercarse a conocer personalmente la fábrica de esta última.

Claro que también estaban representados algunos de los muchísimos pequeños fabricantes de kits y replicas de aquel país, lo que enriquecería más su experiencia. Lo penoso del asunto fue saber que por falta de dinero no pudo hacer los contactos necesarios y que incluso llegara a quedarse frente a las puertas del museo de Donington sin poder pagar la entrada.

Ya de vuelta en Nueva York y sin trabajo debido a su ausencia, Aldo decidió visitar un taller dedicado a las competiciones de Rally y al servicio de autos europeos dentro de los que destacaba la marca Audi. El "Euro Sport Rally Team" lo acogió y al ver las capacidades de nuestro compatriota decidieron darle la posibilidad de trabajar en la fabricación y venta de productos realizados por el en fibra de vidrio. Estos productos, en su mayoría guardabarros, espolones y paragolpes tendrían como destinatarios a los autos de competición y de calle, e incluso pueden verse siendo ofrecidos a la venta actualmente en el sitio Web del equipo.

A todo esto puede pensarse que Aldo ya no retornaría a su tierra como le ha pasado a muchos uruguayos que han partido buscando un mejor futuro y lo han encontrado. A pesar de lo promisorio que pudiera lucir todo en aquellas tierras, la nostalgia y los afectos pudieron más y fue así que al cumplirse el vencimiento de su visa volvería a Uruguay.

Desde que nos enteramos de esta historia tuvimos la convicción de que era necesario divulgarla, este convencimiento aumento luego de conocer personalmente a Aldo Dellepiane y sus creaciones, tanto el Dellepius como sus diseños son dignos representantes de su saber.

Aldo hoy sigue diseñando nuevos coches y ya hay en papel otros tres Dellepius que esperan los fondos necesarios, y como nos describiría con sus propias palabras "son tres bombas". Mientras espera sobrellevar su momentáneo desempleo comercializando sus excelentes dibujos sobre autos que se ven caricaturizados para exaltar la pasión que despiertan y confía en poder utilizar sus conocimientos en alguna forma que le resulte provechosa, pero sin tener que emigrar de su país.

Que esto no solo nos sirva para soñar, ya que ahora podremos citar el ejemplo de un uruguayo que ideo y llevó a cabo algo que para muchos puede ser considerado una locura: la de crear su propio auto deportivo. Al fin y al cabo ese mismo tipo de delirio es el que han tenido unos cuantos grandes que en el pasado siglo han fundado a las marcas más prestigiosas del mundo, con la única diferencia de haber contado con el apoyo necesario, nada más ni nada menos.

 

 

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