Piquete de Tifosi en Esperanza
Por: Bocha Balboni

Así como nuestra habitual modestia argentina nos hace atribuirnos el invento de la birome, el dulce de leche, el colectivo, la milanesa, a mi se me ocurre atribuirnos a los esperancinos el invento del “PIQUETE”, nada menos!

Perín vendado tras el golpe.

Corría el año...1928. Esperanza tenía tren y nada mas que calles de tierra. Fernando Paillet sacaba fotos, entre otros. Casa Vionnet era el shopping regional que atraía clientes de localidades tan distantes como  San Cristóbal. Pero la ciudad, que cumplía sus primeros setenta y un años se había hecho conocida no solo por su producción agrícola sino también por su circuito ovalo, “ el mas veloz del mundo...”
 
Comparación: en 1927 en Indianápolis, George Souders con Duesenberg para toda la carrera hizo 156,983 kmhh, en Monza Benoist con Delage 144,928, te imaginás esos autos en rectas de 7 kilómetros  cuanto harían?  
       
Setiembre de 1928, coincidentemente con la Fiesta Patronal iba a disputarse la tercera prueba en ese circuito y la expectativa era la lucha entre los grandes protagonistas de la carrera del año anterior cuando Jorge Perín había marcado un record de 178 km/h y fracción de promedio, contra el equipo de Bucci (que había ganado) y Riganti con Hudson o Carlos Zatuszek que insistía con Mercedes y venía empezando a destacarse.
       
Llegados los contendientes a la ciudad, la mayoría se alojaba en el Hotel frente a la plaza,  y en eso apareció, silbando bajito, Jorge Perín con Bugatti, pero sin haberse conocido su inscripción. La Bugatti era un auto muy refinado, pequeño, un pura sangre de carrera de reconocida fama en Europa, mientras que los Hudson eran autos grandes,  americanos, de paseo modificados por nuestros mecánicos aficionados que estaban aprendiendo a hacer autos para correr.
 
Se cuenta que era una delicia escuchar el sonido de la Bugatti que por ser un motor de menor cilindrada (2.000 cc) giraba a mas RPM y en esas largas rectas de 7 km había espacio como para pisarlas a fondo! Sé que es difícil de entender para los no iniciados, pero para los entendidos ese sonido es música!
       
La ascendencia europea de nuestros coterráneos volcaba sus preferencias también por la maquinita azul Francia, potenciado por el hecho de que Ettore Bugatti era italiano (Milano) pero fabricaba sus autos en Francia (Molsheim – Alsacia),  su alter ego esperancino-paranaense, el Leonidas Jorge, ni había nacido…
       
Pero Jorge Perín no se había inscripto, o por lo menos su inscripción no había llegado, por consiguiente reglamentariamente, no podía correr y así se perdía la trenzada mas esperada. En realidad no había mucho que discutir, pero circuló el rumor de que el equipo Hudson se oponía, aunque a todas luces el problema era reglamentario y evidente.
       
La comisión fiscalizadora del Automóvil Club Argentino se alojaba en el mismo hotel encabezada por don Angel Mussi, llegado de Buenos Aires especialmente para el acontecimiento.
       
A la gente le entusiasmaba la rivalidad y al Esperanza Automóvil Club le interesaba económicamente que tal posibilidad sea cierta, porque se reflejaría en el ingreso de espectadores.
       
Y como lo resolvimos?: al puro estilo argentina 2008, con un piquete! El pueblo reunido frente al hotel gritando “QUE CORRA PERIN!, QUEREMOS QUE CORRA PERIN!


       
Cuenta Ricardo Lorenzo ”Borocotó” periodista de El Gráfico” destacado en nuestra ciudad para cubrir el acontecimiento, que ante el griterío y los rumores de que los rivales  se oponían, Raul Riganti  le confió: ”Por mi que corra quien quiera. En la raya de partida nunca pregunté quienes eran los adversarios ni que máquinas llevaban”. Muy de Polenta, que era como le decían a Riganti, tipo duro como pocos, combativo como el mejor, que venía del motociclismo y brillaba detrás del volante, ganando entre otras las primeras 500 Millas de Rafaela.
       
En aquellos años las inscripciones se hacían por telegrama, que en este caso se aseguraba que aunque tal vez  despachado, no habría llegado. 
       
Hasta es posible que aquellos piqueteros se hayan permitido alguna falta de respeto con quienes según  circulaba la versión no les convenía    que interviniera Perín “porque le tenían miedo”, por lo que los aludidos del equipo Hudson fastidiados hicieron conocer su opinión a la delegación del ente rector de nuestro automovilismo:  “ si no corre Perín no corremos nosotros”
       
Al llegar la noche, Mussi, presionado,  salió  a la puerta del hotel intentando explicar la situación a los manifestantes que no las aceptaron  y debió decir entonces: “Perín correrá bajo mi responsabilidad”. Así fue como el Comisariato Deportivo, coaccionado por el Club, los participantes y el público reunido en piquete, terminó dando el visto bueno para que la Bugatti sea de la partida, lo que seguramente  le valdría una lavada de cabeza al retornar a Buenos Aires.

Vista del sector de la plaza de la ciudad donde se desarrollaron los acontecimientos, en la época.

Según el mencionado periodista de El Grafico, una vez dentro del hotel, los reporteros  pidieron explicaciones, a lo que el delegado respondió: “y... lo pide el pueblo”  a lo que le acotaron: “si...  pero un pueblo de 15 años...”
       
Entre esos quinceañeros revoltosos, privilegiados espectadores de ese momento histórico se encontraban el luego Escribano Santiago Bolzico y mi papá, Alejandro N. Balboni, por quien conozco estas anécdotas de aquellos tiempos y me sembró este cariño por los autos y estas cosas.
       
Pero esto no termina acá. Así las cosas largaron, la carrera se planteó peleada como se esperaba y en las primeras cinco vueltas se alternaron en la punta Riganti, Perín y Bucci, ante el delirio del publico entusiasmado. Cuando en la octava punteaba Bucci, lo seguían Riganti y Perín que debieron  recorrer la curva este (la del camino del Arco de la Colonización al sur), envueltos en la tierra de un rezagado a quien le iban a sacar una vuelta: Liberto Mestola, con Cadillac.
       
La poca visibilidad hizo que Perín se llevara por delante el Hudson de Riganti, con serias heridas en la cara del acompañante de Riganti (Navarro) y dramáticas para los autos que quedaron allí nomás, pero ninguna para el resto en lo que pudo ser una verdadera tragedia, ya que asistía gran cantidad de público que bordeaba el circuito sin ninguna protección mas que el alambrado y a veces ni eso.
       
Bucci ganó otra vez la carrera de Esperanza, y el temperamental Riganti, entre algunas irreproducibles blasfemias  (no era para menos) diría: “El pueblo quería... que corra Perín... si…que corra Perín!.   

A la memoria de mi viejo, que además de lo mucho que hizo por mi, me contaminó con el virus de automovilismo, del escribano Santiago Bolzico y su esposa Palmira, que me regaló las fotos que él guardó, y hoy  son Patrimonio de la Humanidad, solemnemente declarado por este servidor.
         
Fuentes consultadas:
Medio Siglo de Automovilismo Argentino (Ricardo Lorenzo “BOROCOTÓ”)

 

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