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Por esquivar un montículo de nieve, pisé la banquina de arena blanda y nos empantanamos, ya era de noche y nos costó bastante sacar el auto, no podíamos hacer mucha fuerza porque nos faltaba el aire, Horacio fue el que llevó la peor parte ya que se apunó y las pasó muy mal.
Alrededor de las 21:00 hs. nos volvimos a quedar pero esta vez por culpa de una cuesta interminable, la Cuesta de Pacana, aquí el Ford dijo basta, Victorio se pasó al auto de Bustos y siguieron rumbo a San Pedro, desde allí nos pensaban enviar auxilio, faltaban unos 100 kms. de montaña, en tiempo, no se podía predecir ya que en esos caminos todos los cálculos se estrellan con la realidad de huellas, pendientes peligrosas y cuestas empinadísimas, todo ello con el ingrediente de piedras sueltas, nieve y hielo por doquier.
Nos dispusimos a pasar la noche lo mejor posible, el auto arrancaba, así que cada media hora lo ponía en marcha para que no se congelara y de paso templara el ambiente, teníamos también un calentador a garrafa con el que nos calentamos, el frío era espantoso, había mucho viento y estábamos rodeados por paredes de hielo. Al destapar un frasco de Nescafé, la diferencia de presión hizo que la mitad del contenido se repartiera entre nosotros y el tapizado. Hicimos lo imposible por no dormirnos ya que el frío era muy intenso y nos preocupaba la posibilidad de no poder despertarnos, para calentarnos un poco, ponía de a una las zapatillas sobre el calentador y con ese entretenimiento se iba pasando el tiempo.
Horacio seguía muy afectado por efectos de la altura, tanto así que a la madrugada insistía con la necesidad de un médico, algo impensable en la soledad de la cordillera, ante mi sugerencia de que sacara la Assist-Card por la ventanilla, no me contestó de la manera que lo hubiese hecho una persona bien educada...
Jueves 4 de Agosto. Recién a eso de las 6:00 pasó el primer coche, fueron 9 horas interminables, este auto era el primero de una caravana en tránsito para Paraguay, se detuvo a ver si necesitábamos algo pero le dijimos que no, ya que iba para el otro lado y era un vehículo pequeño japonés así que no nos podía remolcar, además el camino era muy angosto y cubierto de nieve y hielo por lo que el solo hecho de intentar una maniobra de retome en ese sitio se convertía en una acción de extremo peligro .
Ya amanecido, a las 8:30, intentamos dos veces subir pero no pudimos, a pesar de inyectarle oxígeno puro al carburador y de alterar el reglage del distribuidor avanzándolo a su punto máximo para aprovechar toda la potencia, maniobras que hicieron que en varias oportunidades regresara al habitáculo temblando por el gran frío reinante, una cosa es hacer estos trabajos en la comodidad de un taller o en la calle, en la puerta de la casa, y otra muy diferente hacerlo al amanecer y en la montaña, rodeado de hielo y nieve.
A eso de las 9:00 hs., apareció un camión de Vialidad argentino (estábamos en territorio chileno) y nos remolcó hasta la parte más alta, 5000 mts., de paso nos dijo que esa noche la temperatura había sido de 25 grados bajo cero, doy fe de que no estaba errado.
Como algo destacable hay que resaltar la solidaridad que existe en esos parajes, los pocos vehículos que pasaron, todos se detuvieron a ver si podían hacer algo para ayudar, allí la ayuda o la indiferencia puede significar la vida o la muerte de las personas con problemas.
De ahí en adelante seguimos solos, nos cruzamos con unos vehículos cuyos choferes nos avisaron que nuestro auxilio ya venía en camino, faltaban pocos kilómetros cuando divisamos el jeep de la policía con Victorio que iba en nuestra busca, éstos le habían advertido que si no contábamos con algún medio de calefaccionarnos era poco probable que nos encontraran con vida.
A las 11:30 llegamos a San Pedro de Atacama, hicimos aduana y migraciones, la atención fue muy buena y los trámites sencillos. El pueblo tiene 1000 habs., está a 2100 mts. de altura y es totalmente chato con la excepción de la comisaría, único edificio de dos plantas. La iglesia es singular, construida en 1540 con techumbre de cardón.
Todas las construcciones son de adobe y deben seguir el estilo edilicio, las calles son de tierra y no tienen aceras, la electricidad funciona únicamente de 19 a 23 hs., nos alojamos en un pequeño hotel sencillo, también de adobe, lo único moderno era el precio, u$s 55 la triple.
Nos llamó la atención ver tantos turistas extranjeros, americanos y europeos recorriendo la localidad.
Horacio se quedó en cama para recuperarse de la mala noche pasada y Victorio y yo fuimos a almorzar con la patrulla de rescate a un comedor típico del lugar.
Ya por la tarde, con Horacio en pie, hicimos una buena recorrida por el lugar, San Pedro tiene un encanto particular y sus habitantes son muy cordiales y amables.
Viernes 5 de Agosto. A las 7:00 emprendimos viaje, ya sobre asfalto, la ruta es buena y el paisaje de aridez total. A la 9:00 llegamos a la entrada de la mina de Chuquicamata, es la mina de cobre a cielo abierto más grande del mundo, tiene 4.200 mts. de largo, 2.400 mts. de ancho y 650 mts. de profundidad, es tan grande todo que en realidad cuesta describirlo, ya que se pierde el sentido de los tamaños.
A las 10:00 hs., luego de ver una proyección alusiva, comenzamos una visita guiada en un ómnibus de la empresa. El tránsito dentro del predio de la mina es por la izquierda, por seguridad, ya que los camiones tienen el volante a la izquierda y el conductor yendo por esa mano tiene más visión de las banquinas. El tema camiones merece un párrafo aparte, son grandes, muy grandes, los comunes pesan 110 tn. y cargan 170 tn., tienen 6 mts. de ancho, las cubiertas miden 3 mts. de alto y pesan 3.000 kg., el motor es enorme y pesa 5.200 kg., en poco tiempo más, llegan unos todavía más grandes capaces de cargar 240 tn.
Al regresar de la visita notamos que se rompió la polea del cigueñal, recibimos indicaciones del jefe de relaciones públicas de la mina, el que nos conecta con una casa de repuestos en Calama, próxima población.
Ya en Calama, vamos a un taller muy antiguo, donde se ocupan de hacer la reparación, no conseguimos la pieza justa pero con una polea vieja, soldaduras y una pasada en un torno a correas que debía tener más de 80 años nos sacan del paso.
Nos alojamos en un hotel cercano al centro, sencillo pero confortable u$s 53.- c/des., salimos a caminar un rato y regresamos a descansar dispuestos a madrugar para seguir rumbo a Iquique distante 420 kms.
Sábado 6 de Agosto. Salimos a las 7:30, se viaja por desiertos interminables pero muy buenos, la ruta es perfecta, el auto marcha muy bien. A las 13:00, paramos a comer en un parador ubicado en Victoria, que es una oficina salitrera abandonada, una de las tantas. El dueño del parador, ex empleado de la salitrera, atesora un número importante de objetos relacionados con la historia del lugar.
Seguimos viaje y a las 16:00 llegamos a Iquique, el paisaje al entrar es muy lindo con unas vistas de la ciudad y del mar deslumbrantes, enseguida nos dirigimos al Sofri para comprar cubiertas, conseguimos solo dos ya que no es una medida muy común. Dando vueltas nos encontramos con los Bustos.
El hotel en que paramos es bastante bueno, todo de madera, antiguo pero en muy buen estado, nos costó u$s 54 c/des..
La ciudad es muy pintoresca, tiene 200.000 hab. y las construcciones son casi en su totalidad de madera de Oregón, material que se traía como lastre en los barcos que transportaban el salitre. Existen edificios muy elaborados de esos tiempos, todos de madera y alguno con sus columnas forradas en chapas de cobre.
Cenamos en la costa, en el Paseo Lynch, un lugar desagradable ya que hay 8 comedores bajo un mismo techo y se pelean por atrapar a los clientes. Cenamos frutos de mar, pulpo, centolla, bastante caro, u$s 90 los cinco. Los chilenos hacen las cosas “AL TIRO “, esta vez el tiro nos lo dieron a nosotros. Cuando estábamos cenando nos vino a saludar Víctor Difrancesca, un amigo de La Falda que había ido a Iquique por negocios.
Domingo 7 de Agosto. Salimos de Iquique luego de dar un paseo por la plaza y de sacar algunas fotos, viajamos con los Bustos. La cuesta, a la salida es muy larga pero los coches trepan muy bien, estamos a nivel del mar, la vista es estupenda.
Por un buen rato seguimos por caminos de llanura hasta que nos vamos metiendo de a poco en la cordillera, estamos rodeados de montañas aunque las cuestas son leves. Recién después de tres días de andar por desiertos cruzamos un pequeño valle, los cerros son de piedra y arena sin vegetación, la zona es de fuertes vientos, de a ratos hay carteles que advierten sobre el fenómeno.
Nos detenemos a observar los geoglifos de Chiza, son figuras de un tamaño de alrededor de 50-60 mts. hechas en piedras por los indígenas por algún motivo ritual.
Pasamos al lado de un camión accidentado, era un semirremolque que se quedó sin frenos, chocó contra la montaña, rebotó y quedó colgado de un abismo profundo.
El auto de Bustos hacía un tiempo que venía con problemas y parece que le encontramos la solución con un caño de plástico para traer la nafta desde el tanque, solución tipo chacarero pero que nos sacó del paso.
Pasamos por Arica, última ciudad al norte de Chile y cruzamos la frontera con unos simples trámites, llegamos a Tacna a las 19:00 y nos alojamos en hotel El Emperador, simple y económico, u$s 25 s/des., nos advierten que tengamos cuidado con los “pericos”, son niños y jovencitos que se dedican al arte de la rapiña y arrebatan todo lo que se les pone a su alcance.
Lunes 8 de Agosto. Temprano, fuimos a una zona donde hay venta de gomas, arreglo de caños de escape, chapistas, de todo lo imaginable y algo más, todo en la calle, a comprar las dos gomas que nos faltaban, también existe en el sector un lugar llamado Polvo Dorado que es una especie de zona franca y en donde se puede encontrar el más diverso surtido de artículos.
A media mañana salimos para Arequipa, el paisaje es totalmente árido, con sectores de llanura y de montaña. Hasta aquí, sin contar el tramo Purmamarca - San Pedro de Atacama, los caminos, o mejor dicho el camino, ya que hay una sola ruta, fue muy bueno, ahora nos toca transitar por tramos en construcción, al paso del auto, y al reconocernos como argentinos, los obreros nos saludan al grito de “che bo....”.
En la ruta nos detienen para hacer control aduanero y de migraciones, también al rato para fumigarnos el auto contra la aftosa.
A las 20:00 llegamos a Arequipa, muy linda ciudad de 1.000.000 de habitantes, este era nuestro destino final con los Bustos ya que ellos seguían viaje hacia el norte y nosotros nos quedábamos para hacer una excursión a Machu Pichu. El abandonarnos le costó a César una buena cena.
Nos alojamos en hotel Arequipa 3*, muy bueno, u$s 32.- s/des., salimos a caminar después de cenar y nos encontramos con una ciudad bastante tranquila y limpia, la Plaza de Armas, así se llama en Perú a la plaza principal, es hermosa, de las cuadras que la rodean, tres están formadas por antiguos edificios con recovas y en la otra está la catedral que es imponente.
Martes 9 de Agosto. Desayunamos y nos fuimos al aeropuerto para ver si conseguíamos pasajes para Cuzco, última etapa para ir a la ciudadela, no teníamos demasiadas esperanzas ya que en varias agencias de viaje nos dijeron que era difícil conseguir, por suerte no fue así y a las 10:30 embarcamos, el olor a coca invade el interior del avión, después de 1:30 hs. y de cruzar decenas de montañas llegamos a destino.
Hoy fue un día de bastante gasto ya que los pasajes nos costaron u$s 250.- y el tour que incluía dos noches de hotel c/des., city tour muy completo y Machu Pichu nos costó u$s 410.-, siempre para los tres.
Nos ubicaron en hotel Inti, muy bueno, sale u$s 45.- por día, nosotros lo teníamos incluido en el tour, a la tarde nos pasaron a buscar y fuimos a la catedral que es fabulosa con columnas de piedra, hermosos cuadros en las paredes e infinidad de altares con unos tallados increíbles, el altar principal está forrado en plata, también de plata es una especie de carroza sin ruedas que sacan en ciertas ocasiones, se llaman andas, luego fuimos a visitar ruinas incas cercanas a la ciudad, hay varias y muy importantes, el guía que nos tocó era todo un personaje, explicaba todo al detalle y terminó tocando la quena y cantando.
El grupo se armó muy bien, había varios españoles, algunos peruanos y un grupo de mejicanos muy divertidos y bien provistos de tequila, el que hacían correr en todo el grupo.
En Cuzco o Cosco, se vende mucha artesanía, tejidos, metales y por supuesto tapices, el transporte público se hace casi todo en kombi, son todas japonesas o chinas. Algo llamativo son los escribientes que en la calle y cerca de los tribunales se dedican a llenar planillas para el público a cambio de una módica suma.
El centro de la ciudad es difícil de describir, con un estilo totalmente diferente a lo que conocemos, las calles angostas, mucha madera trabajada sobre todo en los balcones, también mucha piedra elaborada
Miércoles 10 de Agosto. Hoy nos hicieron madrugar, nos levantamos a las 5:00, desayunamos y enseguida nos pasaron a buscar en un pequeño micro y en 30 minutos llegamos a la estación para tomar el tren hasta las famosas ruinas, el viaje es de 3:30 hs., a poco de salir cambia el paisaje, se recorren campos sembrados y nos internamos en la selva. El tren hizo varias paradas y en todas ellas había nativos ofreciendo la más variada gama de mercaderías y artesanías
Al llegar a destino, subimos a unos colectivos pequeños y ascendimos unos 600 mts. en un corto trayecto por un camino muy angosto en el que se cruzaban los colectivos sin tocarse por milímetros.
Tendría uno que ser muy insensible para no quedar maravillado por lo que vimos allí arriba, la ciudadela es muy grande, se halla en un lugar espectacular con una visibilidad perfecta para todos lados, realmente inexpugnable, no se le han hecho arreglos, salvo un techo que por haber sido vegetal, obviamente se destruyó. Llama la atención el cultivo hecho en altura y en forma de terrazas, así como también los sistemas de riego utilizados. Hacemos todo el recorrido con una guía que nos informa bastante bien aunque siempre indica que “se dice”, o sea que hay muchas teorías sobre las formas de vida de los Incas y los motivos sobre su exterminio pero todo queda en teorías. Para hacer el recorrido hay que caminar bastante y la altura nos agota.
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