CUANDO LOS COMPACTOS DEL NORTE FUERON LOS GRANDES DEL SUR
El lanzamiento de los autos compactos americanos por parte de las tres grandes de Detroit (General Motors, Ford Motor Company y Chrysler) coincidió con el desarrollo de nuestra industria automotriz, gracias al impulso dado por el gobierno desarrollista del Dr. Arturo Frondizi.
Esto propició que las terminales ya instaladas, y otros nuevos emprendimientos que fabricarían bajo licencia, comenzaran a evaluar qué modelos fabricar localmente.
Y aquí nos encontramos con tres claras tendencias.
Por una parte los pequeños microcupés, que siguiendo a una moda de Europa, pululaban por las calles del viejo continente primero por una cuestión de necesidad de motorización, pero luego fueron reemplazados por “autos de verdad”. En nuestro país los hubo de muchas marcas y modelos, algunos con mejor suerte que otros.
En otro grupo se encontraban las representaciones de fábricas europeas, las cuales eligieron los autos de tipo mediano familiar, desde los más pequeños como el Fiat 1100, DKW Auto Unión y Citroën, para llegar a los Peugeot, SIMCA, Borgward y algunos otros.
Y finalmente, las filiales de las empresas norteamericanas arriba mencionadas, decidieron emular a sus casas matrices, presentando el Ford Falcon, el Chevrolet 400, y el Valiant V-200.
Párrafo aparte para Industrias Kaiser Argentina. Luego de una experiencia previa con el inmenso Kaiser Carabela, derivación directa del Kaiser Manhattan, y del Kaiser Bergantín, que tomaba la plataforma del Alfa Romeo 1900 variando la mecánica, la apertura automotriz le hizo ampliar y modificar su portafolio.
Así por un lado, presentó el Rambler en sus versiones Classic y Ambassador, por un acuerdo con la American Motors, y siguiendo la misma tendencia que las tres grandes del norte.
Pero por otro lado, obtuvo la licencia de la Régie Nationale des Usines Renault de Francia para fabricar el Renault Dauphine y poco más tarde el Renault 4L, ambos del segmento mediano chico, con lo cual de alguna forma le permitía cubrir todas las necesidades del mercado.
En resumen, aquellos compactos americanos, eran tope de gama en nuestro parque autóctono, apuntando a un mercado más selecto y de mayor poder adquisitivo.
Y también siguiendo los preceptos tan probados del mercado de los Estados Unidos, comenzaron a aplicar aquel que dice “win on Sunday, sell on Monday” (ganar el domingo y vender el lunes), que no es ni más ni menos que utilizar las carreras para publicitar sus productos.
Más allá de algunas incursiones en la categoría Turismo, el foco se volcó hacia el TC, categoría popular por excelencia, con seguidores por todo el país (a través de la radio por entonces).
El pionero en incursionar fue General Motors, con el recordado Chevitú de Jorge Cupeiro, que comenzó a cambiarle la fisonomía a las siluetas tradicionales de las cupecitas.
Ford recogió el guante y comenzó a desarrollar el Falcon, con el mismísimo Oscar Gálvez al volante.
Hasta que llegó IKA, con el Torino (en definitiva una evolución local de un Rambler nunca venido a nuestro país), el cual de la mano del genial Oreste Berta terminó por convertir y modernizar a la categoría tan tradicional y conservadora hasta entonces.
El último en agregarse fue Chrysler con los Valiant, para completar un póker de grandes ases que extendieron y acrecentaron las rivalidades entre marcas dentro del ambiente tuerca.
En 1971, hace cuarenta años, los tres modelos compactos presentados en el mercado local diez años antes, junto con el Torino monopolizaban el parque del TC, y con excepción del Valiant que había dejado su lugar al Dodge, continuaban en el catálogo de las cuatro automotrices.
Hoy, cuarenta años más tarde, dos de esos cuatro modelos (el Ford Falcon y el Torino) junto con los sucesores de los otros dos (los cupés Chevy y Dodge en lugar del Chevrolet 400 y del Valiant), continúan provocando emociones en la misma categoría, y son como dinosaurios reciclados que sobreviven a más de una generación de fanáticos.
Este libro les permitirá conocer los orígenes de estos autos que hoy se resisten al paso del tiempo, y continúan corriendo, tal como lo hicieron las cupecitas en los sesenta.
Pero además, siguen vivos en los clubes y fanáticos que los mantienen y conservan como testimonio de una época muy diferente de nuestra industria automotriz, hace ya más de cincuenta años.
Hugo Semperena
Director Ejecutivo
Revista “Ruedas Clásicas”
www.ruedasclasicas.com.ar